¿Qué es la materia orgánica?

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La materia orgánica del suelo (MOS) proviene de restos y desechos de organismos vivos. La estructura básica de la materia orgánica está formada por celulosas, taninos, cutinas, ligninas, proteínas, lípidos, azúcares y vitaminas, muchas son ricas fuentes de carbono. Al ir descomponiéndose por acción de microorganismos, hongos y bacterias, van formando otro tipo de estructura más complejas, las que van dando vida al suelo.

Los organismos vertebrados e invertebrados, al igual que hongos y bacterias, al terminar sus ciclos de vida van liberando partes de su estructura al sistema, aportando más elementos orgánicos.

Estos restos orgánicos iniciales, con el tiempo, se humifican. Generando estructuras más complejas como los humatos (fuente de los ácidos húmicos y fúlvicos). Este proceso puede demorar desde meses a miles de años.

La materia orgánica a su vez tiene mucha relación con propiedades químicas de suelo, como la capacidad buffer y la capacidad de intercambio catiónico. Entre más carbono se tiene en el suelo, más capacidad tendrá éste para soportar y amortiguar grandes cambios de pH.

Cuando se habla de capacidad de intercambio catiónico, se debe entender que esta conlleva cargas estáticas aportadas por las arcillas y cargas variables aportadas por la materia orgánica, teniendo esta última una capacidad que puede llegar a ser 20 veces más grande en comparación a la carga estática. (Krull et al., 2004)

A grandes rasgos se pueden dividir las diferentes materias orgánicas en dos grandes grupos: las materias orgánicas lábiles y las materias orgánicas estabilizadas (Ver tabla).

Estos dos grupos de materias orgánicas son absolutamente complementarias, se pueden usar en forma alternada o en conjunto. Según la especie, una estrategia podría ser comenzar la temporada de primavera usando materias orgánicas lábiles hasta principios de verano (excepto los guanos y compost que se deben aplicar idealmente antes de las primeras lluvias) y continuar aplicando materias orgánicas estabilizadas durante el verano hasta el otoño,  o bien, aplicar en forma alternada MOS y MOE durante la temporada.

La cantidad por aplicar dependerá del tipo de suelo y de su condición (entre ellos contenido de MOS). Para el caso de Bioles (ricos en polipéptidos, cutinas, carbohidratos, vitaminas, ácidos grasos) y ácidos húmicos, parten desde los 40 lts/ha a 150 lts/ha. En el caso de guanos el ideal es aplicar volúmenes entre 15 a 30 m3/ha. El volumen exacto dependerá de un diagnóstico y varios factores que se deben evaluar antes de fijar la estrategia de uso.

Existen muchas variables de suelo que pueden limitar el uso de algún tipo de materia orgánica y a su vez estas variables son determinantes ante la estrategia de incorporación. Niveles de conductividad eléctrica, materia orgánica, capacidad de intercambio catiónico, textura y estructura de suelo, contenidos de aluminio, serán factores para considerar dentro del diagnóstico inicial al momento de definir qué usar.

Las materias orgánicas lábiles (jóvenes) ricas en polipéptidos, cutinas, vitaminas, celulosas etc., son muy eficientes, ya que aportan carbono de bajo peso molecular, el cual es muy activo en el suelo, de rápida acción y de gran ayuda para el desarrollo de un “Suelo Vivo”. Son el alimento directo de un sinnúmero de especies fúngicas y bacterianas por lo cual generan una colonización de suelo en un periodo de tiempo muy breve, “meses”.

Las materias orgánicas estabilizadas como es la leonardita, aportan cadenas de carbono de alto peso molecular y ácidos fúlvicos que son de gran ayuda en la quelación de algunos elementos nutricionales, pero a su vez hay que tener mucho cuidado en zonas con altos contenidos de aluminio debido a que este elemento en altas cantidades es fitotóxico para las plantas. Las “materias orgánicas estabilizadas” juegan un rol importante al momento de hablar de floculación y reestructuración de suelo, tienen una alta capacidad de fijarse a los coloides del suelo y generar estructuras. Su uso en suelos arenosos y desestructurados es muy necesario para mantener producción y calidad.

El uso de compost y guanos ha sido de gran ayuda en la agricultura, hoy contamos con bioestabilizados de gran calidad, muy bien compostados y se ha logrado poder estandarizar en gran medida los aportes que generan. Adicional a los contenidos de materia orgánica, los elementos nutritivos son los más importantes.

Al igual que para el resto de las materias orgánicas, su uso debe ser calculado y se necesita de un diagnóstico previo. Los niveles de salinidad, amonio, metales pesados y otros que pueden aportar, la cercanía de centros residenciales y/o épocas de aplicación, son variables relevantes antes de tomar la decisión de incorporar un bioestabilizado, guano o compost.

Hoy en el mercado se puede encontrar una gran variedad de productos, de diferentes orígenes (animal o vegetal), muchos aplicables vía riego tecnificado, lo que ha facilitado mucho la operatoria y a diferencia del pasado, el mercado hoy ofrece compost y bioestabilizados de gran calidad.

Si se quiere tener un campo que no pierda potencial productivo, con un “suelo vivo” que brinde un buen hospedaje al sistema radicular, con buena estructura, es primordial la incorporación de “materias orgánicas”. No existe campo productivo que esté libre de la degradación y empobrecimiento de sus suelos. Debemos entender que el inicio de la solución, muchas veces parte en el suelo.

Lucas Ferrada Montero
Ingeniero Agrónomo
Asesor Nutrición Vegetal y Suelos

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